jueves, 23 de abril de 2026

DE LA GESTIÓN A LA EXCLUSIÓN. LA "PRIORIDAD NACIONAL" COMO ANTESALA TOTALITARIA

La historia política enseña que los cambios sistémicos no suelen ocurrir de forma súbita, sino mediante la erosión gradual de los consensos éticos. La tesis que aquí se plantea sostiene que el concepto de "prioridad nacional", tal como lo formula VOX, no es simplemente una medida de ahorro administrativo, sino la reconstrucción del marco mental que permitió el ascenso del nacionalsocialismo: la idea de que el derecho individual debe supeditarse a una identidad nacional excluyente.

La quiebra de la igualdad universal

En Mein Kampf, Adolf Hitler sostiene que "el derecho personal a la vida solo puede estar en relación con la utilidad que el individuo representa para la nación". Esta premisa rompe con la idea de derechos humanos universales. En la actualidad, este postulado encuentra su eco en declaraciones de Santiago Abascal: “Los españoles primero en las ayudas sociales, en el acceso a la vivienda y en la sanidad. No es racismo, es justicia elemental”. Al establecer categorías de seres humanos donde la protección del Estado no depende de la necesidad, sino del origen, se reactiva lo que el sociólogo Herbert Kitschelt define como "chovinismo del bienestar", un pilar fundamental en la transición hacia regímenes autoritarios identitarios.

La construcción del enemigo interno y el "globalismo"

El nacionalsocialismo necesitaba de un enemigo invisible que conspirara contra la esencia del pueblo. Hoy, ese papel lo ocupa el concepto de "globalismo". Jorge Buxadé ha declarado: “Estamos en una guerra cultural contra las élites globalistas que quieren destruir nuestras naciones”. Esta retórica es identificada por expertos como Steven Levitsky como un síntoma de "polarización perniciosa", donde el adversario no es un rival político, sino una amenaza existencial que debe ser erradicada.

El señalamiento y la deshumanización estadística

La antesala de la exclusión física es la estigmatización pública. En Mi Lucha, se vincula a los grupos "ajenos" con la degradación social. VOX ha replicado esta estrategia con campañas sobre los Menores No Acompañados: "Un Mena, 4.700 euros al mes; tu abuela, 426 euros de pensión". Al reducir a seres humanos a un coste económico, se desactiva la empatía social. Autores como Cas Mudde señalan que este discurso prepara el terreno para que la sociedad acepte la privación de derechos fundamentales en nombre de la "salvaguarda" económica nacional.

La normalización: El papel del conservadurismo tradicional (PP)

El peligro más inmediato para la democracia no reside solo en la formulación de estos principios, sino en su validación por parte del Partido Popular (PP). Por puro interés electoral, el PP ha comenzado a normalizar la "prioridad nacional" integrándola en acuerdos de gobierno. Un ejemplo claro se observa en los pactos alcanzados en Extremadura y Aragón, donde se han incluido cláusulas que condicionan el acceso a ayudas sociales y vivienda a criterios de "arraigo" y "prioridad para los nacionales".

Cuando el PP asume estos términos y acepta estos pactos para asegurar mayorías, está legitimando el marco mental de la exclusión. Según la teoría de la "ventana de Overton", el papel del PP actúa aquí como el validador institucional: al hacer suyas estas propuestas para no perder terreno, desplaza el centro político hacia el autoritarismo. El riesgo es que, al normalizar la idea de que los derechos pueden ser fragmentados por origen, el PP está eliminando los diques de contención democráticos, convirtiendo una propuesta radical en una opción de gobierno respetable.

La nación como organismo sagrado

Finalmente, la visión de la nación como un ente místico es el nexo definitivo. Abascal afirma que "España es una realidad histórica que no puede ser sometida al voto de los vivos". Esta deslegitimación de las instituciones democráticas cuando no sirven a la "unidad" establece la estructura mental necesaria para un poder sin contrapesos. Como advierte el historiador Robert Paxton, el fascismo comienza con la convicción de que el grupo nacional es una víctima a la que cualquier acción le está permitida para sobrevivir.

Una responsabilidad compartida

La "prioridad nacional" funciona como un virus ideológico. Su adopción por parte de la derecha liberal-conservadora por mero cálculo táctico es la señal de alarma definitiva. Si el nacionalsocialismo fue la culminación de la exclusión, el actual ecosistema político español —donde lo radical se vuelve mainstream a través de los partidos tradicionales— podría estar construyendo la infraestructura intelectual para una regresión democrática sin precedentes.

Como bien señala Anne Applebaum en El ocaso de la democracia, la democracia no es un estado permanente de la naturaleza ni un sistema garantizado por las instituciones, sino una construcción frágil que depende de las decisiones diarias de cada ciudadano. Applebaum nos recuerda que la deriva autoritaria cuenta con la complicidad de quienes, por ambición o apatía, deciden mirar hacia otro lado mientras se degradan los valores universales.

Cada día debemos ser más conscientes de que el futuro de la convivencia democrática depende de nuestra capacidad individual para rechazar estos marcos de exclusión. La democracia es, en última instancia, lo que nosotros decidimos hacer con ella cada día. De nuestras decisiones —y de nuestras renuncias— también depende que la "antesala totalitaria" no se convierta, de nuevo, en el salón principal de nuestra historia. 

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