La historia política enseña que los cambios sistémicos no
suelen ocurrir de forma súbita, sino mediante la erosión gradual de los
consensos éticos. La tesis que aquí se plantea sostiene que el concepto de "prioridad
nacional", tal como lo formula VOX, no es simplemente una medida de
ahorro administrativo, sino la reconstrucción del marco mental que permitió el
ascenso del nacionalsocialismo: la idea de que el derecho individual debe
supeditarse a una identidad nacional excluyente.
La quiebra de la igualdad universal
En Mein Kampf, Adolf Hitler sostiene que "el
derecho personal a la vida solo puede estar en relación con la utilidad que el
individuo representa para la nación". Esta premisa rompe con la idea
de derechos humanos universales. En la actualidad, este postulado encuentra su
eco en declaraciones de Santiago Abascal: “Los españoles primero en las
ayudas sociales, en el acceso a la vivienda y en la sanidad. No es racismo, es
justicia elemental”. Al establecer categorías de seres humanos donde la
protección del Estado no depende de la necesidad, sino del origen, se reactiva
lo que el sociólogo Herbert Kitschelt define como "chovinismo del
bienestar", un pilar fundamental en la transición hacia regímenes
autoritarios identitarios.
La construcción del enemigo interno y el "globalismo"
El nacionalsocialismo necesitaba de un enemigo invisible que
conspirara contra la esencia del pueblo. Hoy, ese papel lo ocupa el concepto de
"globalismo". Jorge Buxadé ha declarado: “Estamos en una guerra
cultural contra las élites globalistas que quieren destruir nuestras naciones”.
Esta retórica es identificada por expertos como Steven Levitsky como un síntoma
de "polarización perniciosa", donde el adversario no es un
rival político, sino una amenaza existencial que debe ser erradicada.
El señalamiento y la deshumanización estadística
La antesala de la exclusión física es la estigmatización
pública. En Mi Lucha, se vincula a los grupos "ajenos"
con la degradación social. VOX ha replicado esta estrategia con campañas sobre
los Menores No Acompañados: "Un Mena, 4.700 euros al mes; tu abuela,
426 euros de pensión". Al reducir a seres humanos a un coste
económico, se desactiva la empatía social. Autores como Cas Mudde señalan que
este discurso prepara el terreno para que la sociedad acepte la privación de
derechos fundamentales en nombre de la "salvaguarda" económica
nacional.
La normalización: El papel del conservadurismo tradicional
(PP)
El peligro más inmediato para la democracia no reside solo en
la formulación de estos principios, sino en su validación por parte del Partido
Popular (PP). Por puro interés electoral, el PP ha comenzado a normalizar la
"prioridad nacional" integrándola en acuerdos de gobierno. Un ejemplo
claro se observa en los pactos alcanzados en Extremadura y Aragón, donde se han
incluido cláusulas que condicionan el acceso a ayudas sociales y vivienda a
criterios de "arraigo" y "prioridad para los nacionales".
Cuando el PP asume estos términos y acepta estos pactos para
asegurar mayorías, está legitimando el marco mental de la exclusión. Según la
teoría de la "ventana de Overton", el papel del PP actúa
aquí como el validador institucional: al hacer suyas estas propuestas para no
perder terreno, desplaza el centro político hacia el autoritarismo. El riesgo
es que, al normalizar la idea de que los derechos pueden ser fragmentados por
origen, el PP está eliminando los diques de contención democráticos,
convirtiendo una propuesta radical en una opción de gobierno respetable.
La nación como organismo sagrado
Finalmente, la visión de la nación como un ente místico es el
nexo definitivo. Abascal afirma que "España es una realidad histórica
que no puede ser sometida al voto de los vivos". Esta deslegitimación
de las instituciones democráticas cuando no sirven a la "unidad"
establece la estructura mental necesaria para un poder sin contrapesos. Como
advierte el historiador Robert Paxton, el fascismo comienza con la convicción
de que el grupo nacional es una víctima a la que cualquier acción le está
permitida para sobrevivir.
Una responsabilidad compartida
La "prioridad nacional" funciona como un
virus ideológico. Su adopción por parte de la derecha liberal-conservadora por
mero cálculo táctico es la señal de alarma definitiva. Si el nacionalsocialismo
fue la culminación de la exclusión, el actual ecosistema político español —donde
lo radical se vuelve mainstream a través de los partidos tradicionales— podría
estar construyendo la infraestructura intelectual para una regresión
democrática sin precedentes.
Como bien señala Anne Applebaum en El ocaso de la
democracia, la democracia no es un estado permanente de la naturaleza ni un
sistema garantizado por las instituciones, sino una construcción frágil que
depende de las decisiones diarias de cada ciudadano. Applebaum nos recuerda que
la deriva autoritaria cuenta con la complicidad de quienes, por ambición o
apatía, deciden mirar hacia otro lado mientras se degradan los valores
universales.
Cada día debemos ser más conscientes de que el futuro de la convivencia democrática depende de nuestra capacidad individual para rechazar estos marcos de exclusión. La democracia es, en última instancia, lo que nosotros decidimos hacer con ella cada día. De nuestras decisiones —y de nuestras renuncias— también depende que la "antesala totalitaria" no se convierta, de nuevo, en el salón principal de nuestra historia.