lunes, 30 de marzo de 2015

EXPULSAR A LOS MERCADERES

Lo que ha venido denominándose primavera de la Iglesia tras la elección como Papa del cardenal Bergoglio, sólo ha conseguido personificarse a lo largo de estos dos años de pontificado en el estilo y la imagen de Francisco, pero no ha germinado más allá de los brotes verdes que suponen sus gestos de cercanía y sencillez. Y no lo ha hecho porque en líneas generales, tanto dentro de la Iglesia como fuera de ella, es mayor la empatía con su persona que con la institución que representa. El alto grado de simbolismo de sus gestos y su proximidad sincera a realidades que empobrecen a las personas y atentan contra su dignidad, han convertido a Francisco en un líder mundial de referencia. Su claro objetivo de reformar la estructura interna de la iglesia en todos los ámbitos y el cambio de foco doctrinal con una orientación pastoral más cercana al evangelio que a la ley, le han granjeado una fuerte oposición por parte de estructuras de poder curial y de no pocos sectores episcopales.
Durante el largo pontificado de Juan Pablo II se desarrolló todo un corpus de interpretación doctrinaria, que se erigió en la salvaguarda de la pureza espiritual y terrenal de la Iglesia y estigmatizó toda referencia práctica al Concilio Vaticano II, al que pasó a considerarse una especie de enemigo interior que ponía en peligro la existencia propia de la Iglesia por su aggiornamiento con el conjunto de la sociedad. En una salida adelante, sin solución de continuidad frente a las pautas reformadoras del Papa actual, hay sectores dentro de la propia Iglesia que ven en Francisco una especie de Mefistófeles que viene a rematar la obra que, según ese integrismo doctrinario, el Concilio Vaticano II no logró.
Analizando la dialéctica reformadora de estos dos años de papado, no pocas veces me ha venido al pensamiento el pasaje evangélico en que  Jesús expulsa a los mercaderes del templo. Lejos de ser una incitación a la violencia creo que es un momento humano de quien profundiza en aspectos éticos y sociales de su época y de quién, sobre todo, cuestiona de forma radical las tradiciones, el magisterio y las instituciones de su tiempo. Ese gesto de Jesús de expulsar a los mercaderes del templo es un acto de celo reformador, que llega a la raíz misma de donde brotan los abusos. Expulsa a vendedores y compradores no para mejorar el comercio impidiendo un enriquecimiento ilícito de los vendedores, sino para dar fin al modelo de recurrir a los sacrificios para agradar a su Dios. No vuelca las mesas de los cambistas de moneda por la existencia de una mala administración, sino para corregir el uso fundamental del templo.

Siempre en busca de canonjías más materiales que espirituales, los modernos mercaderes pueden ocupar sedes curiales, episcopales o atalayas doctrinarias bien pensantes, pero también los bancos de las misas dominicales sólo preocupados de sí mismos.  Por eso, en el cambio de rumbo que se vislumbra hay un camino aún muy largo por recorrer y es tarea de todos los creyentes cristianos superar esa concepción utilitarista de la Iglesia como expendedora de sacramentos, certificados e idoneidades varias, para alcanzar la auténtica nueva primavera que nos ayude a construir un mundo mejor.

domingo, 8 de marzo de 2015

LAS MUJERES Y LAS RELIGIONES

Decir que las religiones nunca se han llevado bien con las mujeres no es ninguna novedad, pero no está de más recordarlo porque en esa lucha constante e imparable por establecer un digno papel para la mujer en el protagonismo histórico, en el de las religiones en especial, las mujeres siempre han sido las grandes perdedoras. El imaginario religioso de clérigos, imanes, rabinos, lamas, gurús, pastores, maestros espirituales sobre la mujer se ha elaborado a partir de la consideración como válidos en todo tiempo y lugar de libros sagrados escritos en lenguaje patriarcal y mentalidad ciertamente misógina. Subir al altar, dirigir la oración comunitaria en la mezquita o presidir el servicio religioso en las sinagogas son parte de una realidad en la que sólo los varones pueden acceder al ámbito sagrado, por lo que se sienten legitimados divinamente para imponer su cosmovisión.
Particularmente la iglesia católica incurre en dos falacias en lo que se refiere al papel de la mujer. Una es sostener la orientación innata de las mujeres hacia la religión, resaltando para ello que las mujeres son las mejores transmisoras de la fe y las enseñanzas religiosas en la familia. La otra es la aseveración de que Jesús no eligió entre los apóstoles a ninguna mujer. Lo primero es un estereotipo que nace del olvido de que tradicionalmente a las mujeres es a quienes más se ha inducido hacia una determinada educación y aprendizaje, inoculándoles un sentimiento religioso que no hacía más que reproducir la organización patriarcal y androcéntrica de su religión. Lo segundo nace del temor de la jerarquía, como si cualquier mujer que defiende sus derechos dentro de la iglesia estuviese reclamando la ordenación. Y no se trata de eso, sino de que el evangelio empuja de abajo a arriba dentro de una comunidad circular en la que sólo hay, sólo debería haber, hermanos y hermanas sin necesidad de reclamar sus derechos. De todas formas, utilizar a Jesús para cerrar el paso a la ordenación sacerdotal de las mujeres entra en flagrante contradicción con lo que hacen otras iglesias cristianas ordenando a mujeres y reconociéndoles funciones sacerdotales y episcopales. Sólo una hermenéutica de los textos bíblicos en clave de género nos proporcionará la auténtica dimensión del cristianismo como liberador del ser humano e igualitario entre hombres y mujeres, porque la singularidad de Jesús sobre las mujeres es la falta de singularidad. No buscó un lugar especial para ellas, sino el mismo lugar para toda la humanidad.

Pese al mensaje igualitario y solidario del Evangelio, en el siglo XIX la iglesia perdió a la clase obrera por colocarse del lado de quienes les explotaban y condenar las revoluciones sociales, en el siglo XX perdió a los jóvenes y los intelectuales por sus posiciones integristas alejadas de los climas de modernidad y, si continuamos por esta senda patriarcal, en el siglo XXI perderá a las mujeres. Cambiar esquemas siempre es algo difícil y complicado, pero es un imperativo ético de toda la sociedad plantearse cambios que rompan los atávicos esquemas de un machismo ancestral.

domingo, 22 de febrero de 2015

LA CASTA EN LA IGLESIA

El papa Francisco tiene prisa y se le nota. En dos de sus más reciente intervenciones públicas, el discurso a la curia del pasado Enero y la homilía dirigida a los nuevos cardenales (y sobre todo a los que ya lo eran) la pasada semana, no ha dudado en utilizar ese concepto del que tantas implicaciones se derivan en la actualidad política y social española, casta. Y no lo ha hecho para resaltar la pureza, virtuosidad u honestidad en la iglesia, si no para remarcar la carga más peyorativa de la prosapia en que algunos han acabado convirtiéndola. Las cuentas en el HSBC de las Religiosas de San José y la mudanza del cardenal Rouco Varela a un ático de lujo valorado en más de un millón y medio de euros, son sólo los dos últimos ejemplos de los modos y maneras de esa ralea tan dañina que se ha instaurado en la iglesia española durante los últimos decenios.
Sin haberse cumplido aún dos años de su elección, Francisco hace crujir cada vez con más estrépito los viejos andamiajes sobre los que se apoyaban las estructuras envejecidas del Vaticano y que conformaban a su vez los cimientos de algunas iglesias nacionales, entre ellas la española. Esas estructuras de gobierno de la iglesia han escuchado palabras de gran dureza que nunca antes habían imaginado escuchar de un pontífice, aunque se siguen aferrando al dogma como salvaguarda de su autoridad eclesial. Pero ese empeño de Francisco en soltar lastre de tantas adherencias doctrinales y renovar nuestro yo interior desde la vuelta a lo más profundo del Evangelio de Jesús, trae consigo nuevos aires que aunque algunos se empeñen en solapar pergeñan una cierta melodía de cambio. De la comodidad de los palacios a la intemperie del camino; del enrocamiento en la dinámica de no perder a los de “dentro”, a la lógica integradora de identificarse con los que se sienten “perdidos”; de la doctrina al evangelio; de la neutralidad, la asepsia y la indiferencia al riesgo, el compromiso y la incondicionalidad gratuita.

El propio Francisco lo ha dicho muy claramente: “En el Evangelio de los marginados se juega nuestra credibilidad”. El catolicismo se está jugando volver a conectar con la sociedad, porque la opción por los empobrecidos, y no otra, es la realidad que hará creíble a la Iglesia en este tercer milenio.

domingo, 8 de febrero de 2015

¿QUÉ PODEMOS HACER?

¿Qué podemos hacer? Los hechos del misionero Ángel Olaran en el norte de Etiopía es el título de un libro cuya parte más substancial detalla los múltiples propósitos y quehaceres de la Misión de Wukro, en el norte de Eitopía, al frente de la que se encuentra Ángel Olaran, sacerdote de Hernani que pertenece a los Misioneros de África, comúnmente conocidos como Padres Blancos. Olaran llegó a Wukro en 1991, siete años después de la hambruna que asoló África y que en Etiopía provocó la muerte de 1 millón de personas, para abrir una escuela secundaria que se puso en marcha cuatro años más tarde en 1995. En estos veinte años la misión de Wukro ha recorrido un largo camino cuyo fruto más relevante es la Escuela de Agricultura, un modelo a imitar en cuanto a organización, pedagogía y experimentación y que es la gran aportación para renovar la agricultura de una región eminentemente agrícola. La respuesta de Olaran al interrogante que da título al libro es muy sencilla: “Cada uno debe encontrar su propio camino. Cómo hemos de actuar, no lo sé. Sólo sé que no podemos no hacer nada. Cada cual es responsable de cómo hacerlo”
En el mes en el que la iglesia católica desarrolla a través de Manos Unidas la llamada campaña contra el hambre me surge una duda razonable: ¿estamos los creyentes cristianos dando pasos en la dirección adecuada para luchar con los empobrecidos contra la injusticia? Porque sólo cuando nos identificamos con el sufrimiento del otro, cuando el sufrimiento del otro ya es tuyo, la acción que se deriva de ello alcanza el valor cristiano fundamental. Desde la atalaya de una fe comprometida resulta sencillo compartir bienes cuando vemos una necesidad, incluso sin acudir a la fe para fundamentarlo. Lo que ya no resulta tan sencillo es alojar al Huésped. Tengo la sensación general de que nuestra iglesia en España habla de Dios pero no enseña a alojar a Jesús en nuestra casa. Eso sí, hay que ser solidarios y en casi todas las parroquias encontraremos grupos más o menos comprometidos en campañas y celebraciones, pero no siempre en procesos evangelizadores que enseñen a alojar al Huésped.

Dicen quienes le conocen bien que Ángel Olaran es un hombre de pocas palabras, que habla con sus actos, pero que cuando habla dice las cosas muy claramente: “En España te piden si puedes decir la misa de 11, donde no conoces a nadie, donde no se conocen entre ellos, y lo único que esperan es que seas breve. Para mí no es así como debería ser una misa. Prefiero decirla entre conocidos con quienes puedo hablar y rezar juntos. Es la fe de la comunidad la que da vida a las palabras del sacerdote. Mi iglesia es la calle y mis altares las casas de la gente”. Ahí está la diferencia entre quien abre el corazón y aloja al Huésped y quien tranquiliza la conciencia con el donativo y el trabajo solidario. 

miércoles, 28 de enero de 2015

QUIEN CALCULA, DESBARRA. EFECTIVAMENTE

Con su habitual querencia por los juegos de palabras, el arzobispo de Oviedo nos ha dejado en las últimas horas algunas declaraciones y textos que añadir a su pléyade de joyas comunicativas. Como la mayoría de sus compañeros en el episcopado, en lugar de dar a conocer, comentar o difundir los ilusionantes documentos, los gestos proféticos o las palabras sencillas y evangélicas del Papa Francisco, monseñor Sanz Montes se muestra más interesado en traducir lo que viene de Roma que en ofrecer a su grey la palabra profética que cura y reconforta.
La paternidad responsable siempre ha formado parte de la doctrina moral de la iglesia católica como un concepto según el cual el ejercicio de la sexualidad alcanza su plena realización cuando se orienta exclusivamente a la procreación. Lo cierto es que la realidad histórica de cada momento ha confrontado esa doctrina con la vida concreta de las personas y ante eso la iglesia católica, tan reacia a encarar la modernidad, solo ha sabido blandir el pecado como arma. Hasta que el papa Francisco, con una especie de parábola, explícitamente gráfica, sobre la intensidad procreativa de las conejas, supera el encorsetamiento doctrinario dando un sentido a la responsabilidad en el ejercicio de la paternidad, y la maternidad añado yo, más acorde con la realidad y los tiempos que nos han tocado vivir. Pero sigue habiendo sectores en la iglesia española que no se arredran y en apenas 48 horas se ven en la obligación de traducir convenientemente las palabras del Papa. En ese contexto interpreto las palabras pronunciadas por nuestro arzobispo: “Quien calcula, desbarra”. Y yo añado, efectivamente señor arzobispo, efectivamente, sobre todo quien lo hace alternando sonoros silencios sobre determinados documentos o palabras del Papa, que denuncian con meridiana claridad tantas agresiones a la dignidad de las personas, con interpretaciones dogmáticas de otras palabras o documentos con la pretensión de afianzar una doctrina moral alejada de la realidad.
Casi al mismo tiempo que esas declaraciones monseñor Sanz Montes publicaba su carta semanal LA DESEABLE UNIDAD Y EL ECUMENISMO DE SANGRE. Cada vez que escucho o leo la palabra ecumenismo irremediablemente mi mente me lleva al hermano Roger de la comunidad de Taizè. A él no, a su legado, a la propia realidad de lo que Taizè es y supone para tantos y tantos jóvenes que por allí han pasado. Yo fui uno de ellos y allí viví una realidad en la que aprendí que el ecumenismo es un intercambio de dones, es la certeza de la necesidad que tenemos unos de otros, y que la reconciliación (la iglesia que hay en Taizè se llama precisamente así, Iglesia de la Reconciliación) no es sólo la simple coexistencia pacífica, sino la confianza, el enriquecimiento mutuo y la colaboración. Por eso, me parece un tanto escandaloso que quien firma como arzobispo esa carta sobre ecumenismo, sea el mismo que hace menos de tres meses hizo pública manifestación del músculo de su autoridad episcopal en el vergonzante incidente con la comunidad anglicana de Oviedo a cuenta de las celebraciones religiosas en la capilla del cementerio de San Salvador.

Existen comportamientos públicos, con evidentes repliegues identitarios, que petrifican un modelo de iglesia, también perceptible en cartas semanales parapetadas en referencias selectivas a los nuevos aires que soplan desde Roma. 

jueves, 11 de diciembre de 2014

EL CURA DE LA SOTANA ROTA

En la actualidad estamos viviendo como en un deja vu que nos sitúa de nuevo en la conflictividad laboral vivida a finales de los años setenta y principios de los ochenta, en los que la comarca de Avilés sufrió como pocas las consecuencias sociales de despidos y cierres empresariales. Más allá de análisis históricos, la intrahistoria que conforma nuestras identidades particulares se escribe muchas veces a partir de un gesto que encierra una imagen, que genera una crónica. Es la anatomía de un instante, que tan bien noveló Javier Cercas y de la que extraigo una cita que nos introduce en el gesto, en la imagen de la  que quiero dar cuenta: nos resistimos a que nos extirpen los recuerdos porque son los asideros de nuestra identidad.  
En las Navidades de 1980 el entonces párroco de Piedras Blancas, don Lorenzo, celebró la Misa de Gallo de la Nochebuena en los talleres en los que permanecían encerrados 34 trabajadores de la empresa Florence y Peillon en defensa de sus puestos de trabajo. Fiel a un estilo que mantuvo a lo largo de toda su vida, aquello generó mal estar en ciertos ambientes socio-religiosos al tiempo que adhesiones, tan inquebrantables como inesperadas, en otros.
Al hilo de las ilusiones de regeneración despertadas en algunos creyentes por los gestos del papa Francisco, quizá pudiera entenderse que es el momento para desempolvar recuerdos de comportamientos como ése, en los que la Iglesia deja claro con hechos de qué lado está. Pero no es esa mi intención, entre otras cosas porque estoy seguro de que ni la iglesia ni los eclesiásticos actuales pasarían la prueba del algodón del compromiso social y saldrían irremediablemente perdiendo en la comparación, porque con aquella celebración don Lorenzo ponía en práctica lo que predicaba desde el púlpito, ni más ni menos.
Viví en primera persona aquel hecho como un monaguillo de apenas 13 años y para no anteponer el recuerdo a lo que ocurrió, recupero las crónicas periodísticas que dieron cuenta del hecho y las transcribo tal cual fueron escritas en su momento. He localizado las de LA VOZ DE AVILÉS, LA NUEVA ESPAÑA, LA VOZ DE ASTURIAS y la publicada en EL PERIODICO DE CATALUNYA, única en un medio nacional. Crónicas de un cariz diferente. Desde la sola mención en una breve nota en La Voz de Avilés, hasta las crónicas con una vertiente más social y reivindicativa de La Voz de Asturias y El Periódico, pasando por la más volcada en lo personal y en lo emotivo de La Nueva España. Reflejo todas ellas de los propios intereses editoriales de cada medio, que a su vez (ya en aquella época) se interconectaban sin duda con los intereses accionariales.

LA VOZ DE AVILES, 26/12/1980.
MISA DE GALLO EN LAS NAVES DE FLORENCE Y PEILLON
El miércoles por la noche, el párroco de Piedras Blancas, don Lorenzo Álvarez Otero celebró la tradicional misa de gallo en una de las naves de Florence y Peillon, empresa cuyo personal mantiene un encierro desde hace un mes, en las dependencias que la factoría tiene en Arnao. El acto religioso, que fue seguido por numerosos vecinos se inició sobre las doce de la noche, y en el transcurso de éste uno de los encerrados leyó las sagradas escrituras. Se calcula que fueron unas cuatrocientas personas los asistentes a este emotivo acto.

LA NUEVA ESPAÑA, 27/12/1980. Esther Segovia
Si emocionante es por su significado la tradicional misa de gallo que se celebra el día de Nochebuena en la mayor parte de los lugares de nuestra geografía, especialmente lo ha sido la celebrada en Arnao la noche del pasado 24 de diciembre, por las diferentes connotaciones que rodearon a esta singular celebración religiosa, que tuvo lugar en una de las naves industriales que tiempo atrás dio albergue a la empresa Florence y Peillon.
Dicha misa comenzó a gestarse durante el funeral por Raúl Bernardino, uno de los trabajadores de la citada empresa castrillonense, que fue hallado muerto el pasado sábado. En la homilía de dicho funeral el cura párroco de Piedras Blancas, don Lorenzo, humilde y amigo de los pobres con hechos y palabras, anunció a los feligreses su intención de celebrar la misa de gallo en Arnao, concretamente en el lugar que ocupan ahora los 34 trabajadores de Florence y Peillon que desde hace cinco semanas mantienen un encierro como protesta por la situación que atraviesan tras las decisiones de la dirección de la empresa. Desde luego, los comentarios fueron múltiples a raíz de dicha promesa, y quien más o quien menos esperaba expectante la llegada del momento decisivo.
A partir de las diez de la noche del miércoles 24, gentes llegadas de todo el concejo, pueblo llano y edades diferentes fueron congregándose entorno(sic) al modesto altar que con ilusión habían preparado horas antes 34 trabajadores. Con un ligero retraso empezó al fin la singular celebración que en muchos momentos emocionó al millar de personas que se dieron cita en Arnao. Tras la impresionante homilía exaltación al sentimiento de la Navidad doce niños del concejo, vestidos de pastores, ofrendaron al Niño Jesús viviente allí instalado, entre sones de “El pequeño tamborilero”, unánimemente coreados.
Cuando llegado el momento el cura párroco de Piedras Blancas pronunció el ritual “daos fraternalmente la paz” volaron apretones de manos y abrazos, se rompieron viejas rencillas en una auténtica noche de paz.
Esta fue, quizás, la misa más emocionante que muchos hayan vivido, tal vez por el insólito marco o por las especiales circunstancias (la misa se ofrecía por el recientemente fallecido Raúl Bernardino). Cuanto la fe sustituye a las máquinas y el ruido de éstas deja lugar a un villancico, la celebración toma un cariz distinto, más profundo.
Al final, 34 trabajadores emocionados daban las gracias a un millar de personas. No había de qué, Una auténtica Nochebuena bien vale un poco de frío y 90 minutos a pie firme.
Quisiera finalmente dedicar un breve comentario a don Lorenzo, cura párroco de Piedras Blancas, aunque conozco su aversión a la publicidad. Su actitud ha dado lugar a múltiples comentarios pero ahí está. Y otro detalle. Ese hombre sencillo ha puesto a disposición de los trabajadores de Florence y Peillon una importante cantidad de dinero, fruto de su trabajo a lo largo de muchos años: “Por sus obras los conoceréis”.


LA VOZ DE ASTURIAS, 26/12/1980. M.Gª.B. Enviado especial
Los 34 despedidos de Florence y Peillon que se encuentran encerrados en los locales de la empresa desde hace un mes, pasaron la Nochebuena en compañía de numerosos fieles castrillonenses que se desplazaron hasta las naves de la sociedad para asistir a la Misa de Gallo, celebrada por el párroco de Piedras Blancas, don Lorenzo Álvarez Otero.
En una nave vacía dedicada en otros tiempos a la fabricación de transformados del zinc, se ofició la misa con la presencia de unas cuatrocientas personas que siguieron la celebración de pie y con absoluto silencio. Los encerrados, que están a la espera de mantener una negociación con los propietarios de la empresa, asistieron a la misa que, de alguna manera, estaba dedicada a su compañero Bernardino Raúl Rodríguez fallecido el sábado pasado por causas naturales cuando se encontraba con ellos. Fueron los propios trabajadores quienes solicitaron del párroco de Piedras Blancas su presencia en tan señalada noche entre ellos, insinuación que en palabras del propio sacerdote: “acepté inmediatamente porque yo mismo había pensado en esta posibilidad”. El señor Álvarez Otero dedicó su homilía a destacar la festividad que se estaba celebrando sin entrar a valorar la situación laboral de los encerrados, porque no consideró el tema de su incumbencia.
Esta es la primera vez que se recuerda en la región en la que una misa tan tradicional como la de Gallo se oficia en un barracón en el que se encuentran encerrados unos trabajadores en demanda de sus reivindicaciones. El hecho recuerda recientes acontecimientos de Polonia en los que las manifestaciones religiosas han estado unidas, frecuentemente, a la lucha que llevan los obreros del país socialista. Salvadas las distancias, la misa de anteanoche en Arnao es un hecho desconocido hasta el momento.
LAS REIVINDICACIONES
Los trabajadores de “Florence y Peillon”, treinta y cuatro, en la actualidad tratan de conservar su puesto de trabajo, una vez que la compañía decidió cerrar sus instalaciones. Hace varios meses que no perciben ningún salario y hasta el momento no ha fructificado ninguna gestión. El presidente del Consejo de Administración de la empresa es Juan Blas Sitges, miembro de la familia que está ligada íntimamente a las más importantes industrias del concejo de Castrillón: la Real Compañía Asturiana de Minas, cuya factoría en el mismo Arnao está desmantelada y ha provocado un conflicto recientemente, y la Asturiana de Zinc, moderna planta sita en San Juan de Nieva que produce zinc electrolítico.


EL PERIÓDICO DE CATALUNYA, 27/12/1980
Al igual que en las ciudades polacas de Gdansk y Katowice, un cura asturiano celebró la misa del gallo con un grupo de obreros que ocupaban la empresa Florence y Peillon, en la residencial villa de Salinas(sic), en el concejo de Castrillón. Treinta y cuatro trabajadores están allí encerrados desde hace dos meses en protesta porque no se les pagan los salarios.
Lorenzo Álvarez, el cura de la misa del gallo, atendió la invitación de los obreros y en lugar de oficiar en su parroquia de Piedras Blancas, lo hizo en las naves de la fábrica, adonde acudieron familiares de los encerrados y varios centenares de personas. Una simple cruz y una mesa consagraron aquel recinto laboral. En su homilía no eludió la situación que le había llevado a oficiar fuera de la parroquia ni el paro ni la crisis, aunque no entró en la valoración de los hechos del encierro ni señaló culpabilidades.
Contra el caciquismo Lorenzo Álvarez, cura tradicional en doctrina, es avanzado en lo social y goza de una merecida fama de rectitud. Se sabe en todo el concejo que no es demasiado amigo del Grupo Sitges, propietarios o accionistas de numerosas empresas, entre las que destacan Asturiana de Zinc, Real Compañía Asturiana de Minas y la citada Florence y Peillon, además de estar presentes en otras empresas de construcción y transportes públicos.
Los Sitges hacían y deshacían en la comarca. Con la llegada de la conflictividad, los Sitges se habían trasladado a vivir a Madrid. Por eso el cura Lorenzo ha querido acompañar a los obreros encerrados en estos momentos de tantas dificultades.- Ceferino de Blas, corresponsal

Pese a su buscado alejamiento de la estructura interna de la diócesis y del propio papel de la jerarquía eclesiástica, don Lorenzo asumió como prioritaria la proyección social de la institución eclesiástica aún a riesgo de entrar en conflicto personal con los procesos de secularización y modernización religiosa experimentados por la sociedad del periodo. Como gran parte del clero ordinario de la época, a lo largo de su dilatada trayectoria eclesial vivió una cierta ambivalencia, fruto del contraste entre los episcopados de Lauzurica y Segundo García y los de Tarancón y Díaz Merchán, solo superada por la coherencia evangélica que iluminó toda su vida, de la que su sotana rota forma parte como una de esas imágenes que anidan en el recuerdo.

lunes, 11 de agosto de 2014

AUSENCIAS Y PRESENCIAS

Tengo el convencimiento de que nunca nos acostumbramos a las ausencias y mucho menos llegamos a entenderlas. Con el paso del tiempo podremos llegar a ser capaces de convivir con ellas, en un proceso que cada ser humano vive de modo y manera personal con diferentes necesidades, diferentes ritmos y diferentes velocidades. No siempre es posible, claro, pero es en ese proceso donde las presencias adquieren una importancia vital. Y sólo si somos capaces de detenernos ante el secreto de cada conciencia, de comprender antes de discutir y de discutir antes de condenar, aprenderemos a respetar los tiempos y las vidas ajenas. 
Entonces nos daremos cuenta que cuando un corazón habla, lo que único que necesita es ser escuchado.